I + D en aquello que somos buenos (y diferenciales)

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Diciembre 2019
I + D en aquello que somos buenos (y diferenciales)
Por
Ignacio Fernández de Piérola. Farmacéutico y socio. WeCare.

Estamos en un sector que está al comienzo de una gran revolución, tal y como ya pasó hace unos años en el sector de las aerolíneas, las agencias de viaje o el alquiler de las cintas de vídeo. No es algo de extrañar que otros muchos se encuentran en esa misma situación. El sector hotelero, el financiero o el los servicios dedicados al transporte se enfrentan igualmente a un escenario casi desconocido. Nuevas tecnologías, nuevos jugadores, nuevas formas de hacer e innovaciones que ahora mismo ni siquiera imaginamos hacen que el día de mañana poco o nada tenga que ver con lo que hasta ahora hemos estado viviendo durante años.


Además, en nuestro caso, nos encontramos con la particularidad de que nuestro sector está regulado, lo cual condiciona nuestros precios y márgenes y, en ocasiones, nos vemos impactados por algunos cambios (que no dependen de nosotros) que nos afectan a nuestra cuenta de resultados. ¡Y de qué manera!

Si a este ya de por sí complejo escenario le añadimos el hecho de que la Inteligencia Artificial, la robótica, el Internet de las cosas, el blockchain o la impresión 3D va a lograr un nivel de automatización y eficiencia que supondrá una revolución en nuestro entorno más cercano como jamás hayamos visto en la historia, ¿qué debemos hacer desde nuestra posición para aprovechar esta ola y evitar que nos pase por encima? El reto es colosal y la solución nada sencilla.

Un profesional al que aprecio y admiro me dijo en una ocasión, “los países y las empresas dicen que hay que invertir un % de sus recursos en Investigación y Desarrollo, yo me lo aplico en primera persona, invierto entre un 10% y un 15% de mi tiempo anual y de mis ingresos en mi propio Desarrollo…”. ¿Acaso lo hago yo sobre mí mismo? ¿Lo hago dentro de mi Oficina de Farmacia?

Me temo que la respuesta es clara, en líneas generales no. Sigo adormecido, me sigo dejando llevar, y el “dejar las cosas pasar y no decidir” en el fondo es estar decidiendo; decido menguar y menguar hasta que mi propia supervivencia quede comprometida. Es lo cómodo, es lo fácil y es lo que me lleva al desastre.

Pese a este escenario, que muchos calificarían de apocalíptico, yo creo que debemos ser optimistas. Tenemos muchas cartas por jugar y tan sólo se trata de que las juguemos bien, con determinación, foco e inteligencia.

“The Future of Employment” pronosticaba, tras examinar 702 ocupaciones, que el 47% de los empleos corre el riesgo de desaparecer por culpa de la inteligencia artificial (las máquinas en el trabajo). Sin embargo, la investigación de Oxford identificaba entre las profesiones con menor riesgo de automatización a aquellas relacionadas con la salud. ¡Estamos de enhorabuena!

Si analizamos otras fuentes de probada solvencia y nos preguntamos cuáles son las “capacidades” que en ciertos sectores pueden ser automatizadas, nos encontramos que hay sectores en los que hasta el 60% de su actividad laboral es susceptible de ser automatizada (fuente Mckinsey 2017). Esto quiere decir que esas “capacidades” serán sustituidas progresivamente por “no humanos”, lo cual implica que “otros jugadores tecnológicos” simplemente podrán llegar a sustituir a los tradicionales (tal y como ya está pasando con UBER, Amazon o tantos otros casos).

Afortunadamente, si vemos los gráficos nuevamente, podemos comprobar que, aparentemente, nuestro sector se verá menos afectado que otros ante el nuevo paradigma al que, desde ya mismo, debemos enfrentarnos.

Pues bien, si reflexionamos sobre las ideas anteriores llegamos a la conclusión de que, a día de hoy, casi cualquier actividad rutinaria, mecánica o incluso analítica es susceptible de ser automatizada. No lo es la empatía, la intuición, la iniciativa, la valentía, la proactividad o el “learning agility” (“no el saber matemáticas sino el aprender a saber aprender matemáticas”).

¿Y cuál es la base de nuestro negocio y de nuestra actividad? Justamente todo aquello que tiene que ver con entender al paciente, conocerle, adelantarnos a lo que pueda necesitar, mirar por él, aconsejarle, cuidarle, no sólo estar ahí en los momentos de enfermedad sino fomentar los buenos hábitos, promoviendo la salud e innovando para tener un impacto positivo en sus vidas y en las de sus familias.

¿Y quiénes son los más capacitados (y mejor situados) para hacer esto de manera extraordinaria? La respuesta es clara, nosotros mismos. Y, si nosotros no lo hacemos, algún otro lo hará en nuestro lugar.  Eso lo debemos tener muy claro.

Desde WeCare, somos unos convencidos de que tenemos una grandísima oportunidad que se basa en la adecuada educación de nuestros profesionales, la formación, el desarrollo, el potenciar todo aquello que nos hace únicos como seres humanos expertos en el cuidado y promoción de la salud y que no es copiable o automatizable y que, además, nos haga capaces de “mutar”, reinventarnos, ser vanguardia, construir el futuro, descubrir o impulsar, arrastrar y no ser arrastrados.

Desde que era un niño he escuchado que el mejor regalo que nadie me podría hacer era mi propia educación y mi propio desarrollo. Al principio no lo entendía bien, pero luego me di cuenta de que, a más capacidad, simplemente uno tiene más posibilidades, es más dueño de su vida, de su destino, de la gestión de su negocio o del gobierno de su propia existencia. 

Pues bien, si trabajas en un sector tan bonito y que tiene un impacto tan importante en la vida de los demás como el nuestro, creo que sería bueno el empezar a aplicar a los que te rodean (y a ti mismo) aquello que me trasladó mi querido y admirado amigo, “invierte un % de tu tiempo y dinero en tu propio desarrollo y reinvención (y en el del conjunto de tu Oficina de Farmacia)”.

Si ése es tu camino y tu intención, ten por seguro que en WeCare encontrarás a un fiel aliado. Innovar, transformar, aportar a la sociedad y mejorar la vida de los miles de pacientes que atendemos es, en el fondo, nuestra naturaleza y lo que nos caracteriza.

Bonito reto y de máxima dificultad. Y ahí radica, aunque no lo tengamos presente, la fuente de éxito de todos aquellos que estamos en posición de cambiar las cosas; maximizar las capacidades de nuestros equipos de trabajo (en aquello que somos diferenciales y aportamos) para, si somos capaces, adelantarnos y liderar lo que ya está aquí (y no ser arrastrados por ello).