Reflexiones sobre la Formación Médica Continuada

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Diciembre 2007
Reflexiones sobre la Formación Médica Continuada
Por
Carlos Rofes

Hace unos meses la organización Global Alliance for Medical Education (GAME) celebró su reunión anual – y ya son 12 ediciones– en Nueva York. La reunión tuvo como eje el debate sobre la armonización, que no homonogeneización, de los sistemas de FMC a nivel internacional; poniendo, por lo tanto, sobre la mesa uno de los asuntos más candentes en el mundo de la Formación Médica Continuada (FMC).


 

El congreso reunió a proveedores, acreditadores, empleadores, industria y profesionales sanitarios involucrados en la FMC, sumando un total de 170 asistentes. Entre los ponentes, destacaron los líderes de los sistemas acreditadores a nivel europeo como el Dr. Helios Pardell (director del Sistema Español de Acreditación de la Formación Médica Continuada-SEAFORMEC), el Dr. Alfonso Negri (director de la Federación de Sociedades Científicas Italiana SSIF, o el Dr. Bernard Maillet (secretario general DE LA EUMS – Unión Europea de especialidades médicas), los representates de las MECC’s (Medical Education and Curriculum Comittee) americanas, como el Dr. Dennis K. Wentz o el Dr. Lewis Miller, así como miembros de la industria farmacéutica americana involucrados en la FMC, como Maureen Doyle-Scharff (Abbott), el Dr. Honorario Silva (Pfizer) o Kevin Boykins (Wyeth).

 

1. El entorno

Las nuevas herramientas metodológicas, la libre (y necesaria) circulación de médicos, el interés de proveedores y de la industria en proporcionar más y más FMC y las propias necesidades de los médicos al estandarizarse la carrera profesional, han provocado un replanteamiento a todos los niveles sobre los proyectos formativos: 

Los proveedores de formación, ya sean sociedades científicas o empresas privadas, nos enfrentamos al objetivo de ofrecer cursos de interés real tanto para el médico como para el patrocinador ofreciendo la mejor metodología para conseguir el máximo rendimiento formativo. 

La industria farmacéutica, en su deseo de invertir en formación, debe (querer) sortear los sesgos comerciales y el conflicto de intereses, y al mismo tiempo, asegurar que su inversión llegue a buen puerto: ofrecer al médico una buena formación a la vez que rentabiliza su inversión económica.

2. Conclusiones del congreso

Durante los dos días de debate, se trataron intensamente los diversos factores que acaban conformando un programa de formación, desde los mencionados intereses de los principales actores, al propio diseño de los programas, las metodologías a utilizar, el interés de los propios médicos e incluso el papel de los ministerios de sanidad de los respectivos países.

Las muchas preguntas y reflexiones que se lanzaron en los dos días de congreso, dejaron, como no, nuevas incógnitas, pero también algunas conclusiones. Quizá la más destacada, no por clara y conocida es menos contundente: El objetivo principal y prioritario de todos los profesionales involucrados en la FMC debe ser realizar programas que ayuden a mejorar la atención al paciente.

Esta declaración, aunque aparentemente obvia, sigue siendo importante. ¿Estamos ayudando a la mejora de la calidad de vida de los pacientes con los programas propuestos? ¿Los programas de formación tienen efecto sobre la salud general de la población? ¿Invierte la industria en programas que cubran realmente las necesidades formativas de los médicos en un contexto más general de salud pública y planes sanitarios?.

2.1 Evolución de la FMC

En los últimos años, gracias a los avances de las nuevas tecnologías y del diseño metodológico de los cursos, las actividades formativas están consiguiendo ser más efectivas, asegurando la correcta transmisión de los contenidos y el seguimiento por parte de los alumnos. Sin embargo las propuestas en cuanto a contenido beben todavía de la formación tradicional, centrada en los aspectos más teóricos y en las clases magistrales mientras que los aspectos prácticos tienen un peso mucho menor.

Aunque el médico recibe multitud de programas -actualizaciones, revisiones, seminarios, guías aparantemente de gran disparidad formal y conceptual, el médico acaba recibiendo finalmente programas muy parecidos, con temáticas y docentes que se repiten una y otra vez, y en ocasiones en programas que buscan principalmente la difusión de los tratamientos promovidos por el patrocinador.

No obstante, y como demostraron las intervenciones de los responsables de marketing asistentes a la reunión, los laboratorios farmacéuticos están reconociendo que la inversión en una formación que no cubre las necesidades reales del médico (y, sí aparentemente, sus intereses promocionales) acaba resultando en campañas poco efectivas, con altos índices de abandono de los programas.

Por otra parte, las nuevas técnicas pedagógicas, los programas de formación más interactiva, basados en la práctica clíncia ya sea en la consulta en urgencias o en el dia a diás del hospital, es decir, las propuestas que aportan aquellos conocimientos o habilidades que el médico debe conocer para el correcto ejercicio diario, acaba comportando no solamente un correcto seguimiento del curso y mayor efectivadad en la adquisición de los conocimientos, sino también una respuesta mucho más positiva por parte de los propios médicos respecto a la labor patrocinadora de la industria.

No debemos olvidar que gracias al interés de la industria farmacéutica, que subvenciona el 70% de los programas de FMC, proveedores, sociedades y empleadores podemos desarrollar nuevas propuestas formativas. El papel, pues, de los laboratorios farmacéuticos es y seguirá siendo fundamental para poder llevar a cabo actividades de formación. 

3. La formación continuada, una oportundad para todos

La efectividad de los programas así como la rentabilidad económica de los proyectos formativos en un futuro próximo resultará, pues, del correcto estudio de lo que está sucediendo en estos momentos.

El punto de partida debe ser la regularización legal de la formación continuada. Los responsables acreditadores deben ofrecer guías claras sobre el proceso acreditativo, primero a nivel estatal (obligatoriedad, métodos de control) y posteriormente a nivel internacional (re-certificación), ofreciendo a partir de allí baremos claros que delimiten la calidad de la formación acreditada.

Junto a ello, proveedores e industria debemos valorar la oportunidad que significa la formación, y convertirla en avances a nivel sanitario y a nivel empresarial. Para ello, y siguiendo con los puntos comentados hasta ahora nos conducen a la pregunta filosofal: "¿en qué debemos gastarnos el dinero?". Y la respuesta no es otra que la conclusión que ya hemos introducido anteriormente: invertir (que no gastar) en programas que consigan mejorar la práctica diaria del médico. Solo así, la FMC será positiva para todos los actores, incluyendo entre ellos el más importante: el paciente.

La satisfacción del médico frente el programa formativo es proporcional a las expectativas que el médico tiene al recibirlo. El papel imprescindible de la industria, patrocinando programas de calidad, colaborando en programas a través de acciones de multipatrocinio, o mediante la concesión de becas resulta no solamente en prestigio y reconocimiento, sino que también supone el respeto y la fidelización del médico.

Reguladores, proveedores y industria, hemos protagonizado importantes avances en los últimos años, desde las normas de acreditación, a la regulación sobre el patrocinio, y la inversión en tecnología y nuevas metodologías. Nos enfrentamos ahora a un nuevo reto, que se antoja indispensable para corresponder a la exigencia del médico y el interés de los patrocinadores: la búsqueda de programas que consigan resultados reales en la atención sanitaria.

Próximos pasos en formación:

  • Realizar estudios, y encuestas que informen de forma contínua sobre las verdaderas necesidades formativas. Una revisión o comentario de un artículo científico pueden ser complementos a la formación pero no aporta soluciones al médico por sí solos.
  • Diseñar programas que adapten tanto los contenidos como la metodología a las necesidades de los alumnos, sean estas necesidades una puesta al día a nivel de conocimientos, el dominio de una nueva técnica, o la mejora en la actitud terapéutica.
  • Conseguir resultados prácticos de los programas formativos. La metodología adoptada debe incluir mecanismos de control sobre la incidencia del programa, informando no solamente sobre si el programa formativo ha sido de interés o si ha cubierto las necesidades de los alumnos, sino obteniendo datos (medibles) sobre si se han conseguido mejoras en el ejercicio diario del médico y de esa forma, conocer los efectos del programa sobre la calidad de vida del paciente.
  • Los objetivos de promoción de la industria deben conducirse mediante las propias campañas de promoción, diferenciando claramente qué es formación y qué es promoción.